Una novela del Siglo de las Luces

  • En la novela Sinfonía Azul Prusia, su protagonista Ferran Basili de Rocabertí y Boixadors IX conde de Peralada tiene una importante participación.

    No como combatiente, si como diplomático. Se interesará para que España ayude a los rebeldes de las Trece Colonias, primero con material y armamento, luego solicitando la intervención activa de la flota y los ejércitos reales y posteriormente en la firma del Tratado de Paz de París, que daría paso al nacimiento de los Estados Unidos y la recuperación y obtención de nuevos territorios para la Corona.

    Peralada conoce a Benjamín Franklin en uno de lossalonnière de madame Marie-Thérèse Rodet Geoffrin en París.

    Se cuenta así en la novela:

    Mientras conversábamos, madame se acercó con otro de los invitados. Al contrario que Voltaire el caballero era armoniosamente excesivo en carnes. Nos lo presentó como miembro de la Royal Society, secretario de la Sociedad Filosófica Americana, inventor y periodista.

    —Benjamín Franklin, un bostoniano de las colonias británicas —dijo, madame Geoffrin, sabiendo que su amistad era el mejor pasaporte.

    —Tenía ganas de conocerle míster Franklin, he oído hablar mucho de su experimento de la cometa hace cuatro años aquí en París y de su prodigioso invento posterior —dijo Voltaire.

    —Encantado de saludarle caballero —añadí yo, mirando interrogante al grupo.

    Dándose cuenta de mi involuntaria ignorancia, nuestra anfitriona le pidió al inventor que me contara su ensayo. Él se acarició la oronda barriga y se desabrochó dos botones más de su chupa gris para tomar resuello. Su papada se balanceó graciosamente al iniciar su explicación.

    —Trataba de demostrar que los rayos son fenómenos eléctricos y para conseguirlo  até una cometa con armadura de metal a un hilo de seda, en cuyo extremo colgué una llave también metálica. La hicimos volar al cielo de Francia un día de tormenta y la llave se cargó de corriente. Así pude demostrar que las nubes están cargadas de electricidad y los rayos son, a su vez, descargas eléctricas. Ya en Boston inventé un artilugio que capta los rayos y evita que causen desgracias, le he llamado pararrayos…

    La amistad con Franklin se prolongará en el tiempo.

    Los primeros escarceos de la revuelta se dan en Boston en 1773, pero el primer encuentro armado importante tiene lugar en junio de 1775 ambos ejércitos se enfrentaron en Bunker Hill, cerca de Boston. 

    Los colonos americanos envían a Franklin a Europa con la intención de conseguir ayuda frente a los británicos.

    Peralada y el conde de Aranda, por aquel entonces embajador en París, convencen al rey para el envío de armamento y enseres para los rebeldes.

    Se cuenta en la novela:

    Mi contertulio de aquellas reuniones parisinas, el inventor y político Benjamín Franklin, natural precisamente de Boston, había llegado a Versalles para solicitar ayuda para los  norteamericanos que luchaban con poca suerte frente a la delgada línea roja de las tropas coloniales británicas. Franklin había visitado a Aranda, pero quería que yo fuese su interlocutor en tan delicado asunto. Me satisfizo poder viajar a París acompañado de mi esposa. Durante nuestra estancia no se consideró  prudente  que residiéramos en la cancillería, los encuentros con Franklin serían lo suficiente delicados para que la embajada inglesa no husmeara y se pudiese crear un conflicto político.//

    … Aquella mañana, recibimos respuesta de la Corte a las recomendaciones de Aranda y mías de apoyar a los rebeldes norteamericanos. El conde de Floridablanca nos apuntaba:

    El destino de los intereses de las colonias nos importa mucho, y vamos a hacer por ellos todo lo que las circunstancias lo permitan.

     ​Así que el reino de España decidió ayudar a los rebeldes. Dineros, armas, municiones, mantas y uniformes para las libertades y, por qué no decirlo, para fastidiar a Gran Bretaña, aunque el duque de Alba y a sus parientes ingleses no les haría gracia.,, //

    … A finales de año tuve la mayor de las alegrías al ser informado de que los colonos americanos, habían tenido su primera gran victoria en Saratoga y que iban uniformados y portando los pertrechos que España les había proporcionado. Cañones y municiones españolas batieron al ejército inglés del general Burgoyne que tuvo que rendirse, mientras las tropas de los peninsulares liberaban Filadelfia.

    Rendición del General Burgoyne tras la batalla de Saratoga, por John Trumbul.

    Se ha hablado mucho de la ayuda francesa a las Colonias rebeldes, pero la española no le fue a la zaga; incluso su contribución fue superior en hombres, casi el doble, a la de los galos

    La Marcha de Galvez. Cuadro de Augusto Ferrer Dalmau.

    Toma de Pensacola. Mayo de 1781. Por Ferrer Dalmau

    Asalto de Fort George por los Granaderos del Regimiento de Luisiana y el Batallón de de La Habana, durante la toma de Pensacola.  Por Charles McBarron Jr.

    A partir de 1780 los independentistas avanzan en todos los frentes y en 1781 derrotan definitivamente a los británicos en la Batalla de Yorktown

    La rendición de los británico no se hace esperar.

    A partir de entonces se inician las negociaciones que conducen al Tratado de París de 1783, por el que se reconoce la independencia de las Trece Colonias.

    Antes, Peralada negocia en nombre de España con Inglaterra.

    Así se relata:

    El recién nombrado Jefe de Gobierno, William Pitt, hijo, me recibió tan solo un par de días después de mi arribo. El joven primer ministro  tenía solo veinticuatro años y era consciente de que una nueva etapa empezaba para Gran Bretaña. Pronto nos pusimos de acuerdo, tanto él como yo éramos partidarios de una paz rápida, teniendo en cuenta de que las Trece Colonias, estaban ya perdidas para su país. No tuvo inconveniente en devolver a España las dos Floridas y las costas de Nicaragua y Honduras, intercambiar otros territorios ocupados por ambas partes y ceder Menorca definitivamente, pero querían conservar Gibraltar por la que tanto habían padecido aquellos meses los defensores británicos. Redactamos en apenas una semana un borrador que yo llevaría a España. Se disculpó diciéndome que el rey Jorge III no podría saludarme, su estado de salud estaba empeorando. La extraña locura del rey Jorge, tenía preocupados a Pitt y a todo el país.

    Así queda el nuevo reparto territorial.

    Los representantes de Gran Bretaña se niegan a posar para el retrato final de la firma del Tratado y el cuadro de West queda para siempre inacabado.

    Así quedaría el nuevo reparto territorial en Norteamérica.

    Y así se explica en la novela:

    Las reuniones previas con la delegación americana fueron del todo afortunadas. Los representantes John Adams, John Jay y  Benjamín Franklin, me aseguraron que nunca olvidarían la ayuda de España a su independencia. No dudé de las palabras de los compromisarios de las Trece Colonias, pero pensé en lo que repetía el conde de Aranda aquellos días:

     Esta república federal que nace pigmea, llegará un día en que crezca y se torne gigante, y un coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido y solo pensará en su engrandecimiento…

                El día tres de septiembre en Versalles se firmaba el Tratado en el que se reconocía la independencia americana y, por separado, la paz entre Gran Bretaña y los reinos de Francia y España. Días más tarde se extendía la conciliación al ponerse fin a la guerra entre británicos y los Estados Generales de la República Holandesa. Cenando luego en la cancillería española en París, le expuse mis temores a Aranda.

                —Al fin llega la tan deseada paz, Aranda. ¿Cuánto durará? ¿Cuánto tiempo pasará para que nuestros colonos imiten a los norteamericanos?

                —Menos de lo que imaginamos, Ferran. La única solución sería  desprendernos de todas las posesiones del continente, exceptuando las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional y algunas que más convengan en la meridional, para que sirvan de escala o depósito para el comercio. España debe colocar a tres infantes en América, uno de rey de Nueva España, el otro de Perú y el tercero para el resto de territorios y su majestad Carlos quedar de emperador nominal de los tres reinos.

                —La oportunidad para el infante Gabriel —dije, pensando en voz alta.

                —La oportunidad para que España siga siendo poderosa. Y despedirnos de nuestra vieja enemiga, Inglaterra…

    Tratado e Paz de París del 3 de septiembre1783

    Washington cruzando el Delaware. Por Emanuel Leutze.

    Novela sobre las aventuras del IX conde de Peralada.
  • Un amable lector, Manuel Gil, apunta que en la entrada sobre don Luis no mencionemos el palacio de Velada.

    Efectivamente tiene toda la razón, para no hacer extenso el artículo, no detallamos uno de los lugares más importantes del peregrinaje castellano del matrimonio de los condes de Chinchón, después de sus nupcias.

    Precisamente, en el palacio de Velada -Toledo- se inició el viaje de novios de la pareja.

    Como contábamos la boda tuvo lugar en 1776 en el palacio que en Olías del Rey para trasladarse luego a Velada.

    Palacio de los marqueses de Velada en Velada -Toledo-

    ASÍ LO CUENTO EN LA NOVELA

     La de Vallabriga recibió a mi esposa como a la madre que le faltaba en su forzado exilio y don Luis a mí como el compañero comprensivo que también ha sufrido el rechazo de los farsantes. Una nueva María Teresa completaba la familia de los de Chinchón, la pequeña apenas tenía seis meses y era el juguete de su hermano Luis, a punto de cumplir los cuatro años. Ya veis que en Arenas de San Pedro no se complicaban la vida a la hora de escoger nombre para los retoños. María Teresa Josefa, la nueva componente de la familia Borbón-Vallabriga, había nacido en Velada el día veintiséis del anterior noviembre hacia las once de la noche, la bautizaron al día siguiente en la parroquia de San Bernardino de esa población. Que naciera en el palacete del conde de Altamira en Velada y no en el de las Damas, en Arenas, que era donde habitaban por aquel entonces los flamantes condes de Chinchón, tenía un poderoso motivo. El segundo hijo de la pareja se había malogrado al nacer y la condesa de Chinchón, con cierta superstición, había preferido dar a luz en Velada muy cerca de Talavera. Se trataba de una preciosa y sonriente niña que colmaba de alegría al padre y de cierta tristeza a la madre.

    Así fue de importante el palacio de los marqueses de Velada para la pareja, además de sus primeras noches juntos, allí nacería María Teresa Josefa de Borbón y Vallabriga, futura condesa de Chinchón.

    Condesa de Chinchón por Francisco de Goya

    También nació en Velada su hermana María Luisa de Borbón y Vallabriga, posteriormente duquesa de San Fernando, concretamente el seis de junio de 1783

    María Luisa de Borbón y Vallabriga

    Así lo explica Santiago Martínez Hernández en

    EL PALACIO DE LOS MARQUESES DE VELADA:
    RESIDENCIA y CORTE EVENTUAL DEL INFANTE DON
    LUIS ANTONIO DE BORBÓN y DE DOÑA MARÍA TERESA
    DE VALLABRIGA (1776-1792) y LUGAR DE PASO DE
    CARLOS IV Y SU FAMILIA (1803)

    Dice Santiago Martínez:

    Tras la boda, celebrada en el palacio de los Duques de Femandina de
    Olias del Rey el 27 de junio de 1776, con la presencia del arzobispo de Toledo, el matrimonio se dirigió hacia Velada en donde es probable que fueran recibidos sino por los propios Marqueses -ya que debían guardar el debido respeto a la decisión real- por gentes de su confianza que les acomodarían en la residencia. Aquí estarían los recién casados varios meses. Pocas visitas ilustres se prodigaron por allí por temor a desagradar al monarca. Durante esta primera estancia en Velada el Infante compró una finca para sus caballos y se dedicó a la caza en las tierras de sus amigos los Marqueses de Velada y Astorga. El Marqués hombre culto y erudito dejó también a disposición de su real huésped su biblioteca que se repartía entre el convento de San Antonio y el palacio y en la que reunía tres millares de volúmenes aparte de cuadros, tapices, armas y objetos curiosos.
    Puesto que alternaron las estancia con Cadalso de los Vidrios y Arenas de San Pedro -mientras el Infante se edificaba una enorme residencia allí con traza del seguidor del arquitecto Ventura Rodríguez, Domingo Thomas y su hermano Ignacio-, los hijos de don Luis y doña María Teresa nacieron en varios lugares. El primogénito Luis María 20 vino al mundo el 22 de marzo de 1777 en Cadalso, mientras el segundogénito Antonio María lo hacía en marzo de 1779 en Arenas de San Pedro, aunque fallecía en diciembre. El tercero de los vástagos del Infante María Teresa nacía en Velada el domingo 26 de noviembre de 1780. Y la última, María Luisa nacía, en Velada también en 1781.
    Por la correspondencia conocida del Infante sabemos que residieron durante
    largas temporadas en Velada alternando sus estancias con Arenas y Cadalso hasta que comenzó a ser habitable el palacio nueve de Arenas. No obstante debido al buen clima de Velada el Infante y su esposa siguieron acudiendo a la villa hasta la década de 1790. Tras la muerte de don Luis en 1785, su esposa doña María Teresa continuó residiendo con sus hijos en Arenas de San Pedro. Sin embargo un año después la viuda había enfermado gravemente por lo que se solicitó a Carlos III el permiso para ir a restablecerse a Velada. El Rey desoyendo los ruegos de su cuñada no dio su consentimiento en un primer momento. El 25 de octubre el permiso
    real llegó y hasta allí se desplazó no sin antes tratar infructuosamente de buscar apoyo a su retiro forzoso enviando regalos al Conde de Campomanes, obsequios que éste no aceptó. La suerte de la desdichada viuda no cambió a pesar de que su débil salud mejoró ya que al destierro en Velada debía sumar la ausencia de sus hijos.

    Santiago Martínez Hernández

    Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid

    santiagomartinez@ucm.es

    Novela sobre las aventuras del IX conde de Peralada.
  • El infante Luis de Borbón y Farnesio es uno de los personajes más importantes de la novela. Su relación con el conde de Peralada se describe casi paternal desde que el de Peralada recala en la corte de Madrid después de perder a su padre biológico en el terremoto de Lisboa de 1755. La novela lleva por título sinfonía porque bien pudo haberla compuesto Luigi Boccherini en el palacio de don Luis en Arenas de San Pedro y lo de Azul Prusia tendréis que averiguarlo leyendo el libro o este post hasta el final.

    Pero ahora hablemos de este personaje tan novelesco y tan ligado en la ¿ficción? con el conde de Peralada.

    Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, nació en Madrid el 25 de julio del año 1727, fue infante de España, sexto hijo de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, duquesa de Parma. Medio hermano de los reyes de España, Luis I y Fernando VI y hermano de Carlos III.

    Armas del infante.

    La GACETA DE MADRID da razón de su nacimiento en su número del 29 de julio de 1727

    El viernes 25, de este mes, dia del Apóstol Santiago, Patrón de España à las seis de la mañana, dio à luz breve, y felizmente la Reyna nuestra Señora un hermoso, y robusto Infante, que luego al punto recibió el agua del Santo Bau-tismo, con los nombres de LUIS ANTONIO JAYME ; aviendo sido testigos de este grande y dichoso sucesso el Nuncio de S. Santidad, y los Embaxadores de Coronas, los Gefes de la Casa Real, y otras Grandes y Señores, aunque algunos de los convocados para esta ceremonia no pudieron llegar a tiempo, por la brevedad del parto. El Rey nuestro señor le dexó ver en la Antecámara de Pala-cio, en donde los Señores le besaron la mano y fue cumplimentado por los Ministros Estrangeros: quedando unos y otros muy regocijados de vér á S.M. tan convalecido de su passada indisposición. La Reyna queda buena, y sin el menor accidente de los que suela sobrevivir en casos semejantes; y el recien nacido Principe se empieza á criar con claras muestras de una perfecta constitución.

    Por presión de la reina, apenas cumplidos los ocho años, el Papa Clemente XII le nombró Arzobispo de Toledo el diez de noviembre de 1735 y un año después se le otorgó el capelo cardenalicio; apenas ocho años después le añadió el arzobispado de Sevilla.

    Armas del Infante incluidos los títulos de la Santa Sede.

    A los 27 años, Luis de Borbón que nunca había tenido vocación eclesiástica, solicitó del rey permiso para dejar sus cargos religiosos y dedicarse a una de sus aficiones favoritas: las mujeres bellas. Y a la ilusión de formar un hogar y tener descendencia.

    El infante envió una misiva al Papa con su renuncia:

    Santisimo Padre. La vocación mas agradable a Dios es la que mayor se adapta a nra conciencia, siendo obligación que esta nos impone mas vigoroso de nras interiores disposiciones. He entrado en este examen pidiendo al todo poderoso me ilumine para areglar mi animo sobre la vocación a que debo determinarme y no hallandose con todos los estímulos que se requieren para cumplir las obligaciones del estado en que crei fijarme desde el principio, permite Dios, que sea en el estado secular que yo continue honrrarle y servirle, y que rige esta vocacion a que soi llamado, por lo que pido respetuosamente a Vra Santidad me conceda las dispensas que son necesarias, teniendo a bien que le debuelva el Capelo con que quiso condecorarme.

    A partir de la dispensa comienza la vida mundana -que no amorosa, esa es anterior- y cortesana del infante. En la novela se sostiene esa relación paterno-filial con Ferran de Rocabertí, con aventuras galanas por Barcelona, Madrid y Aranjuez y que no terminará hasta la muerte del infante en Arenas de San Pedro.

    La felicidad máxima de don Luis la obtiene con el permiso real de matrimoniarse, si bien el rey, temeroso de que algún día los hijos de su hermano puedan reclamar el trono de España -todos los hijos de Carlos III habían nacido en Nápoles-, le obliga a contraer matrimonio morganático. El rey concedía el privilegio a su hermano pero condicionado: 

      No permitiendo las circunstancias actuales el proporcionar matrimonio al infante Don Luis mi hermano con persona igual a su alta esfera, y no pudiéndose por lo mismo combinar con el bien del estado el casamiento a que su vocación le llama:   Vengo a concederle permiso para que pueda contraer matrimonio de conciencia, esto es, con persona desigual, según él me lo ha pedido: pero deberá ser esta escogida en la clase a lo menos de caballeros particulares distinguidos y honrados; y será de la obligación del infante el comunicarme antes quién es la persona que eligiese, a cuya circunstancia queda ligado este permiso general que ahora doy.

    Lo que en la práctica significaba que sus herederos no podrían tener el apellido Borbón, ni lucir en su escudos las armas de los borbones.

    Después de que media corte se dispusiera a buscarle esposa, incluso se habló de la posibilidad de matrimoniarle con su sobrina la infanta , María Josefa de Borbón. hija de Carlos III, al fin prevalecieron los deseos del rey y la elegida fue la noble zaragozana,  María Teresa de Vallabriga y Rozas Español y Drumont de Belfort, hija del conde de Torrescea, Luis de Vallabriga, mayordomo de Carlos III y de María Josefa de Rozas y Melfort, III condesa de Castelblanco. La novia, de diecisiete años, era  treinta y dos años más joven que el infante.

    Así la pintó Goya

    Los deseos impuestos por el rey se cumplieron a rajatabla. La boda se celebró lejos de Madrid y sin la presencia de ningún miembro de la Familia Real. Concretamente fue en la capilla del palacio de los duques de Fernandina en Olía del Rey, provincia de Toledo, el 27 de junio de 1776. El rey impuso que los nuevos esposos residieran a no menos de veinte leguas de la Corte, a la que solo don Luis podría acercarse siempre que el rey lo estimara preciso, pero no su esposa. Por lo que tuvieron que abandonar el palacio de don Luis en Boadilla del Monte.

    Palacio de Boadilla del Monte actualmente

    El palacio de Boadilla del Monte. Dibujo antiguo.

    Teresa de Vallabriga, por Goya

    Así que los flamantes condes de Chichón, título que había adquirido don Luis a su hermano, Felipe, duque de Parma, se afincaron primero en Cadalso de los Vidrios y definitivamente en Arenas de San Pedro (Ávila)

    Allí en Arenas decidió construir un hermosos palacio para él y su familia en un lugar llamado La Mosquera.

    Se lo mandó edificar a Ventura Rodríguez. Nunca llegó a terminarse

    Palacio de La Mosquera en Arenas de San Pedro.

    Allí residirían don Luis, Teresa de Vallabriga y los tres hijos de ambos.

    La corte del palacio del infante en Arenas de San Pedro contó con excelentes pintores, arquitectos y músicos. Una importante pinacoteca y una no menos importante biblioteca.

    Ex Libris del infante Luis.

    Paret y Alcázar, Boccherini, Goya, el pintor de cámara Manuel de la Cruz, los Font,-familia de violinistas catalanes-, el arquitecto Ventura Rodríguez y un largo etc. estuvieron al servicio del Luis de Borbón.

    Entre estos grandes artistas que estuvieron en la nómina del infante, destacan:

    El compositor Luigi Boccherini y el genio de Fuendetodos, Francisco de Goya.

    Luigi Boccherini

    Francisco de Goya

    Los condes de Chinchón tuvieron cuatro hijos, de los que tres llegaron a adultos:

    Luis de Borbón y Vallabriga, 1977, futuro XIV conde de Chinchón, arzobispo de Toledo y cardenal.

    Luis de Borbón y Vallabriga.

    María Teresa de Borbón y Vallabriga, 1780, por renuncia de su hermano, la XV condesa de Chinchón; además, I marquesa de Boadilla del Monte. Gracias a su posterior boda con Godoy, recuperó para la familia el apellido Borbón y el tratamiento de altezas reales.

     

    Así la vio Goya en la terraza del palacio de la Mosquera con la sierra de Gredos al fondo. Galería Nacional de Arte

    María Luisa de Borbón y Vallabriga, 1783 se casó con  Joaquín José Melgarejo, I duque de San Fernando de Quiroga, sin descendencia

    Así la pintó Goya. Galería de los UffiziFlorencia

    Goya retrató a toda la familia de don Luis en Arenas de San Pedro en un cuadro que se ha hecho famoso.

    En la obra podemos observar a Francisco de Goya representándose a sí mismo. Fundación Magnani-Rocca

    Luigi Boccherini escribió varias sinfonías siendo violoncelista y compositor de la capilla real del infante.

    Un obra del compositor dedicada al infante.

    Obras de Luigi Boccherini compuestas siendo maestro de capilla del infante

    “Sinfonía Nº 1 en re mayor”  Op.12 Nº 1  G 503                                          1771

    “Sinfonía Nº 2 en mi bemol mayor”  Op.12 Nº 2  G 504                             1771

    “Sinfonía Nº 3 en do mayor”  Op.12 Nº 3  G 505                                         1771

    “Sinfonía Nº 4 en re menor”  Op.12 Nº 4  G 506  (La casa del diávolo)   1771

    “Sinfonía Nº 5 en si bemol mayor”  Op.12 Nº 5  G 507                              1771

    “Sinfonía Nº 6 en la mayor”  Op.12 Nº 6  G 508                                          1771

    “Sinfonía en si bemol mayor”  Op.21 Nº 1  G 493                                       1775

    “Sinfonía en mi bemol mayor”  Op.21 Nº 2  G 494                                     1775

    “Sinfonía en do mayor”  Op.21 Nº 3  G 495                                                 1775

    “Sinfonía en re mayor”  Op.21 Nº 4  G 496                                                  1775

    “Sinfonía en si bemol mayor”  Op.21 Nº 5  G 497                                      1775

    “Sinfonía en la mayor”  Op.21 Nº 6  G 498                                                  1775

    “Sinfonía Nº 7 en re mayor”  Op.35 Nº 1  G 509                                         1782

    “Sinfonía Nº 8 en mi bemol mayor”  Op.35 Nº 2  G 510                            1782

    “Sinfonía Nº 9 en la mayor”  Op.35 Nº 3  G 511                                          1782

    “Sinfonía Nº 10 en fa mayor”  Op.35 Nº 4  G 512                                        1782

    “Sinfonía Nº 11 en mi bemol mayor”  Op.35 Nº 5  G 513                          1782

    “Sinfonía Nº 12 en si bemol mayor”  Op.35 Nº 6   G 514                           1782

    “Sinfonía Nº 13 en do mayor”  Op.37 Nº 1    G 515                                     1786

    Algunas de las pinturas que Goya hizo a la familia Borbón-Vallabriga, además de las apuntadas.

    María Teresa de Borbón y Vallabriga, ya condesa de Chinchón. Museo del Prado.

    Boceto (Borrón, lo llamaba Goya) de María Teresa de Vallabriga a caballo con la Sierra de Gredos al fondo. Galería de los Uffizi.

    El cuadro final, que debería tener grandes proporciones, para hacer pareja con el de su esposo don Luis, se encuentra perdido.

    Don Luis de Borbón. Colección particular

    Y Luis de Borbón y Valllabriga, pintado por Goya con chupa , casaca y calzón en azul Prusia, color reservado solo a las familias reales. Con esa pintura, hoy en el Museo Provincial de Zaragoza, quiso el autor desafiar la orden real de privar de los atributos reales y familiares a los hijos de su hermano Luis y su cuñada Teresa.

    Los últimos días de Luis de Borbón y Farnesio fueron terribles, cansado y enfermo antes de morir escribió a su hermano el rey para que se ocupara de sus hijos y de sus criados. Al fallecer, el 7 de agosto de 1785, Carlos III dispuso que el cuerpo de su hermano reposara en la capilla de San Pedro, en Arenas, y que su viuda permaneciera en su palacio en la villa, durante cinco eternos días, los monjes de San Pedro esperaron la visita de su majestad. Sin noticia alguna del rey procedieron a su entierro. Posteriormente, Carlos IV, ya Rey de España, dio órdenes para que fuera trasladado al Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial, donde fue enterrado con todos los honores en el año 1.800.

    Cuadro del monasterio de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro.TietarTV

    Tumba de don Luis en el Panteón de los Infantes.

    Por su parte María Teresa de Vallabriga está enterrada en la cripta del Pilar de Zaragoza

    Para saber más: Podéis ver un vídeo del Ayuntamiento de Boadilla del Monte con la historia del infante.

    Los amantes de la música podéis escuchar la famosa obra de la Ritirata notturna di Madrid de Boccherini, emitida por la 2 de TVE con arreglos de L. BERIO. Dirigida en su primera parte por Jesús López Cobos e interpretada por Voces para la Paz. Seguida de la interpretación de Krasnoyarsk Chamber Orchestra, dirigida por Martín Baeza-Rubio. Terminando por la Música en las calles de Madrid por el String Quintet, Opus 30: Theodore Arm, violín Lun Li, violín Steven Tenenbom, viola Peter Wiley, cello Zachary Mowitz, cello. Una delicia.

    La retirada – retreta- nocturna se tocaba en las ciudades donde había cuarteles, para advertir a las tropas del regreso al acuartelamiento y proceder a cerrar las puertas. Ordenanza recogida en las RROO militares de Carlos III. Luigi Boccherini la escribió para su alteza el infante don Luis.

    Y el famoso minuetto de Boccherini interpretado por el CUARTETO EUROPEO compuesto por bellas y excepcionales interpretes

    Novela sobre las aventuras del IX conde de Peralada.
  • Una novela sobre la vida y las aventuras del IX conde de Peralada, Ferran Basili de Rocabertí y Boixadors

    Novela sobre las aventuras del IX conde de Peralada.
  • LA ESCLAVITUD

    La esclavitud en la segunda mitad del siglo XVIII, momentos por los que transcurre la novela, era una dolorosa realidad. No solo era común e indecente en las colonias, en las metrópolis europeas estaba a la orden del día. Desde los más diversos usos en los palacios y en las mansiones nobles hasta en la explotación minera, pasando por trabajadores del campo, galeotes, ayudantes en los ejércitos, prostitutas puestas a trabajar por sus dueños y un sin fin de trabajos, cientos de miles de esclavos, millones si contamos los que recalaron en tierras americanas, fueron arrancados de sus hogares y condenados a la servidumbre obligada.

    El conde de Peralada lo vive en la novela:

    Mi vida en Portugal fue el despertar de los sentidos, la obertura de la sinfonía de la existencia. La residencia del embajador, es decir, mi padre, era espaciosa y tan anciana como la propia Lisboa. Una docena de sirvientes cubrían las necesidades del plenipotenciario español y también las mías, falto de cariño materno y de los familiares estíos mallorquines. Para esos menesteres de ternura, si así pueden llamarse, el rey José I de Portugal obsequió a mi padre con dos singulares esclavas mulatas brasileiras madre e hija para que me cuidaran. Un detalle que muy pronto agradecerían ambas, pues el trato recibido en nuestro hogar era infinitamente mejor que el que recibían en el Paço de Ribeira. Sabido es que los portugueses tratan peor a sus cautivos, incluso a los de la servidumbre palaciega, que en España. Pasada la época de los Austrias, en la que gustaban ambas cortes de tener esclavos deformes y enanos que dieran cierto toque morboso y lúdico a sus salones, ahora, la moda al estilo francés exigía hacer alarde de siervos de color de ambos sexos provenientes de las colonias de ultramar. Se les traía a la metrópoli de pequeños y se les educaba en la conveniencia de que sirvieran a la nobleza, incluso a la realeza y con la educación necesaria para no desentonar en los ambientes palatinos; sin perder, en la mayoría de las ocasiones, su condición servil, aunque compartieran lecho con sus amos… y dueñas. Entre los cortesanos se puso muy de moda tener asistentes de color, palafreneros mulatos elegantemente vestidos con librea; exóticos africanos de ébano empleados de cocheros o caleseros, embutidos con casaca y calzón blanco ajustado que destacara su naturaleza. Para las damas y los niños de alta alcurnia, incluidos los infantes, era obligada la posesión de alguna doncella mulata vestida a la criolla que llamara la atención a invitados y deudos. Todas las grandes naciones permitían y ejercían la esclavitud, pero Portugal y también España, estaban a la cabeza del más vil de los comercios para destinar la mayor parte de esta siniestra mercancía a las plantaciones de ultramar a las explotaciones mineras y como galeotes. Un siniestro y antiguo criterio popular aseguraba que la diferencia entre esclavos negros y musulmanes estribaba en que los primeros eran considerados como niños grandes, torpes y absurdos, pero sin malicia; en cambio los turcos, argelinos o tunecinos se les imputaba falta de lealtad y tendencia a la traición. 

    Pero no solo se trataba de esclavos africanos, musulmanes norteafricanos y turcos prisioneros eran esclavizados y a su vez el imperio turco y sus provincias sometían a los prisioneros cristianos a la misma infamia.

    En la novela, Peralada conseguirá liberar a los prisioneros de la colonia genovesa de Tabarka y obtener de Carlos III permiso para instalarlos en la isla de Nueva Tabarca, frente a la costa española de Alicante a pocos nudos de Santa Pola.

  • Ayer fue la presentación de mi novela en Zaragoza. En ese marco especial del Antiguo Salón de Plenos de la DPZ vivimos una tarde maravillosa.

    El comentario del libro estuvo a cargo de la diputada de cultura, Ros Cihuelo y lo hizo muy bien, buen análisis literario, entusiasta opinión y estos toques tan personales sobre el protagonista de la novela… y sobre sus amores.

    La presentación por parte de la editorial fue del director de la colección de Narrativa, Aurelio Esteban.

    Y tuvimos la extraordinaria actuación de la mezzosoprano Beatriz Gimeno, acompañada al piano por Miguel ángel Tapia, todo un lujo.

    Y con un público amigo y entusiasta.

    Y CON EL MÁS PEQUEÑO DE TODOS: MI NIETO.

    GALERÍA

    Judith, «pasándome» a Asher.

    Mesa de la presentación

    Los amigos (ellas y ellos)

    Verónica Galarzo, autora de las fotos de la novela

    La fabulosa actuación de Beatriz y Miguel Ángel

    Y el momento de las firmas

    Y sobre todo, la presencia de todos vosotros

    Gracias.

    Novela sobre las aventuras del IX conde de Peralada.
  • Para contar la ascendencia más cercana del protagonista de Azul Prusia, nada mejor que recurrir a parte del texto de la novela.

    Abuelo:

    Joan Antoni de Rocabertí-Boixadors, conde de Savallà y de Peralada, marqués de Anglesola, vizconde de Rocabertí, de Quermançó y de Requesens, barón de Pau, de Vallmoll y de Bunyolí; rumbosos títulos que yo heredaría. Además, gentilhombre de cámara del rey, virrey de Mallorca y de Valencia y presidente del Consejo Supremo de Flandes, mercedes concedidas por el pretendiente austriaco al trono de España, el archiduque Carlos. Y entre tal fárrago de blasones, caballero de la orden del Toisón de Oro y director de la capilla de música del palacio real de Barcelona por mérito propio, ya que fue un gran musicólogo y compositor. Él y mi abuela contrajeron nupcias por contrato familiar y político, y terminaron muy enamorados el uno del otro y en la placidez matrimonial que dan once vástagos e innumerables nietos. Teniendo en cuenta lo poco que el séptimo Peralada disfrutaba de sus heredades, de sus alcobas hogareñas y del gran lecho de la mansión, el hecho no deja de ser fascinante, a buen seguro por mérito femenino. Nunca el reposo del guerrero viose más confortado.

    Abuela:

    En aquellos añorados tiempos de desposeída preocupación infantil, durante los lánguidos atardeceres mediterráneos, la abuela Dionisia me sentaba sobre la hierba de su finca mallorquina para contarme leyendas, verdades y alguna ficción gloriosa sobre la familia. La muerte de mi madre la convirtió en mi gran referencia femenina. Me repetía, una y otra vez, con primor y sin sutilezas, aquellas historias que tenían la virtud de fascinarme y la de aburrir a mis primos y primas que preferían jugar con los esclavos enanos o mortificar a la servidumbre. Yo, sin embargo, elegía mirarme en sus marítimos ojos azules y rogarle que me renovara sus evocaciones de la heroica defensa de Barcelona. Ella acariciaba mi alborotado pelo de rizos indomables y me iba desgranando cómo en 1705 el archiduque Carlos instaló su corte en la Ciudad Condal y el gran honor concedido al abuelo en abril de 1706  nombrándole su ayuda de campo, claro está que a la vista de las murallas se encontraba un ejército borbónico de dieciocho mil combatientes al mando del duque de Noailles y del mariscal Tessé. Joan Antoni de Boixadors tuvo que hacerse cargo, junto a otros próceres, de la defensa de la capital catalana. Solo ella podía reseñar con tanto detalle la feroz resistencia al asalto Borbón, la caída del castillo de Montjuïc en manos de los asaltantes, los bombardeos desde sus baluartes y casamatas sobre la ciudad y la llegada in extremis de una flota anglo-holandesa con diez mil soldados en ayuda de los austracistas. Me describía el fascinante espectáculo de la mar cubierta de velas de los cincuenta y seis buques del almirante inglés John Lake y los vítores de los sitiados, que se escucharon hasta en Madrid. Aquella lucha le valió a mi abuelo el título de virrey de Mallorca y cuando llegaba a este punto a Dionisia Sureda le asomaban unas sentidas lágrimas en las aguamarinas de su rostro.

    Padre:

    Sus estudios de humanidades y sus tres años de carrera militar forjaron en él un carácter dual, bicéfalo en vocablos imperiales. Tan pronto surgía el militar y aristócrata, dispuesto a medrar en la Corte de Madrid –él la llamaba, aquella Babilonia–, como el ilustrado interesado en continuar con la idea de los Desconfiados, cuestionando con cauta severidad la regia decisión de Felipe V de trasladar las Universidades catalanas a la ciudad de Cervera terminada la Guerra de Sucesión.

      Bernat Antoni Boixadors decidió, a manera de lo que ya os he relatado, hacer carrera en la corte del apócrifamente odiado Borbón e ingresó en su guardia personal. Lo que no fue ni óbice ni obstáculo para ser nombrado un año después presidente de la Academia, sin ser tampoco inconveniente para combatir en las guerras de Italia y durante la Guerra de Sucesión Polaca, de la que regresó convertido en flamante coronel.

                  Por aquel entonces yo todavía no tenía conciencia clara de la importancia de las raíces heráldicas, si es que la tienen. Mi linaje desciende de una de las más escarpadas peñas del Empurdà, cercana a La Jonquera, granítica y cónica al igual que las formas descritas en el tratado de Hipatia. Allá, las ruinas de lo que fue el castillo de los Rocabertí todavía desafían, a pesar de sus achaques, al tiempo y a la historia. Su pasado se remonta al primer Rocabertí, de nombre Hugo, que recibió del mismísimo Carlomagno el título de vizconde. Su blasón desde entonces y que seguimos ostentando los Peralada, es un campo de gules con tres palos de oro, cargados cada uno de tres roques de azur, que mi padre confundía a propósito con el azul de Prusia. ¡Ay de los blasones!, tan controvertidos, tan discutidos, tan mangoneados. El nuestro era visualmente similar al que cuatro siglos más tarde, con cuatro palos de gules sobre campo de oro, adoptaría de señal real Jaime I y la Corona Aragonesa.

    Madre:

    Debo confesaros que poco sé de mi madre Cecilia de Chaves Messia y Arias, solo que murió cuando yo apenas tenía tres años.

    Evoco los libros de mi mansión lisboeta, las manitas de Benedicta y los pechos de Manuelita. Repaso las clases de esgrima y de vida de Mateus, rememoro los palacios de Ajuda y de Queluz, los paseos por los jardines, la música – ¡pobre ópera lisboeta!–… aquel maldito terremoto, mas no recuerdo ningún juguete, ni a mi madre ni a sus caricias; a veces dudo de haber sido niño.

  • Sinfonía Azul Prusia se presenta el día 28 de octubre en Zaragoza

  • Se trata de Ferran Basili Rocabertí- Boixadors, IX conde Peralada; conde de Savallà, marqués de Anglesola, vizconde de Rocabertí, de Quermançó y de Requesens, barón de Pau, de Vallmoll y de Bunyolí, de Navata, de Villademuls, de San Lorenzo de la Muga, de Llers, de Terrades, de Darnius, de Santa Leocadia de Esterri, y de las villas del Madexal y Castroverde.

    Escudo de Peralada, en el castillo de Peralada en Girona (foto: Vega Galarzo)
    Escudo de los Rocabertí-Boixadors

    Ferran de Rocabertí estará al servicio de Carlos III de España y en su nombre como agente secreto y diplomático por las cortes de la época.

    Comprad voluntades, sobornad, contratad mercenarios, matad si es preciso. Seréis mis ojos y si es necesario, mis manos y mi venganza. Le dijo el rey

    Vintage engraving of a Scene from the story Dorothy Forster by Walter Besant.

    Pero además de sus «servicios» que le obligarán a recorrer las cortes europeas y asiáticas, el conde de Peralada tendrá otra gran devoción: las mujeres hermosas.

    Entre fiestas, viajes, aventuras, servicios diplomáticos, encontrará a compañeras de indiscutible belleza interior y exterior.

    Desde infantas reales hasta posaderas, Peralada visitará palacios, residencias, castillos, posadas, jardines y cocinas.